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Encuentro con tres escalas proyectuales del Urbanismo: El Lugar

Encuentro con tres escalas proyectuales del Urbanismo: El Lugar

por Fernando Pabón-Rico


Trabajos en curso durante el 2018 en los jardines de lluvia para la playa de Ponce.


En la edición pasada comentamos cómo, Manuel de Solà Morales en su libro Diez lecciones sobre Barcelona dedica un capítulo al ensanche proyectado por Ildefonso Cerdá denominado éxito práctico de un proyecto teórico. Con esto en mente, proponemos a los lectores un recorrido por el paisaje urbano puertorriqueño. Veremos cómo existe un constante diálogo entre proyectos teóricos y proyectos prácticos en el ejercicio del urbanismo en Puerto Rico. Para esto, hemos dividido en tres escalas la aproximación al urbanismo: la escala del territorio, la de la ciudad y la del lugar. Seguramente algunos lectores conocerán algunos proyectos. Para los otros casos, acompáñenos a descubrir algunas agradables sorpresas. Al referirnos a la escala del lugar, podemos entenderla como el espacio con las dimensiones más similares a un proyecto arquitectónico. Christopher Alexander, en su libro A Pattern Language, reconoce en su listado el patrón correspondiente a esta categoría, típicamente pequeñas plazas donde puede tomar lugar el encuentro social. Tres proyectos de espacio público son particularmente relevantes a esta discusión.

La Plaza de Recreo de Jayuya

El primero ubicó en un pueblo de las montañas: Jayuya. Fue obra del arquitecto Otto Reyes Casanova quien junto al legendario grupo denominado Equipo de Mejoramiento Ambiental, adscrito a la Junta de Planificación, trabajó un proyecto para la plaza municipal en 1964. El proyecto es pertinente pues recogió la idiosincrasia y memoria colectiva para hacerlo realidad. Probablemente no sea una coincidencia que en ese grupo de arquitectos se encontrara Gabriel Ferrer Amador, quien posteriormente pondría en marcha el Fondo de Mejoramiento y su programa de excursiones para fomentar el turismo interno. Siendo la plaza de Jayuya el espacio público de mayor envergadura, los diseñadores quisieron llevar a cabo una intervención alusiva a los orígenes taínos y la geología del área. Esto era natural pues no muy lejos, en el barrio Coabey, lugar natal del ilustre Nemesio Canales, existe un graderío natural producido por un tributario del río donde los Taínos inscribieron petroglifos y destacaron una gigantesca piedra, mejor conocida como la piedra escrita, por su aspecto de cemí.


Planta y sección longitudinal de la Plaza de Recreo de Jayuya.*


Para el proyecto de la plaza, elaboraron una maqueta para discutir sus ideas. Como principio rector, el ejercicio de diseño respetaba según Otto Reyes que La plaza de recreo de un pueblo debe tener expresión propia de ese pueblo – expresión que enlace lo tradicional con lo moderno y que tenga como objetivo la continuidad.El río es recordado con el uso de los típicos chinos como parte de la materialidad del pavimento. Mientras, la base de la plataforma para el típico templete fue articulada con un friso elaborado en el empañetado de hormigón fresco de aquella mañana en que se dió cita en Jayuya el Equipo de Mejoramiento Ambiental así como el maestro escultor Compostela y los entonces estudiantes de arquitectura Mercedes Rivera y Francisco Torres. Otto Reyes, inspirado en el mural de hormigón flotante del Colegio de Arquitectos de Cataluña en Barcelona, inaugurado dos años antes, sugirió una narración del arco del nacimiento a la muerte experimentado por nuestros antepasados Taínos. Junto al escultor Tomás Batista, quien también elaboró la estatua de Canales, preparó una gran plantilla para la transcripción de los glifos al hormigón a partir de los observados en las piedras del río en Coabey.





Detalles de glifos de la plataforma para el templete inspirados en los petroglifos indígenas en Coabey.*


Desde aquel momento se confundieron la cultura Taína con la hispano-latina según dispuso el arquitecto Reyes como nueva plaza de Jayuya donde, cual abstracta tabla de ajedrez, cuidadosamente posicionó estatua, templete, parterres, estanque y demás mobiliario urbano. A pesar de ya no existir, pareciera que aquel proyecto despertó en la comunidad la inquietud por conocer y celebrar a sus antepasados. Inmediatamente se gestó la fundación de un Centro Cultural Jayuyano, como brazo del Instituto de Cultura Puertorriqueña. El mismo quedó fundado en febrero de 1965 e impulsó la celebración del primer Festival Indígena de Jayuya cinco años después.

Parque Verde Luz

El segundo espacio ubica en Rio Piedras al final de la calle Humacao. Este espacio denominado Jardín Comunitario Verde Luz adquiere su nombre gracias a que Antonio Cabán Vale compuso la canción cuando residía en el vecindario. Es un espacio residual irregular (aproximadamente de forma triangular) delimitado por la calle Gándara en su costado norte cuya cota es 6 a 7 pies superior a la superficie del jardín. Comúnmente, estos espacios carentes de una forma regular no reciben edificación y son olvidados a merced del tiempo y el descuido. Por lo tanto, son oportunidades para uso como espacio público, espacio capaz de absorber esa irregularidad formal.

Diseño de César Romero, Raúl Reyes y Ana Corujo.


El líder comunitario César Romero Retes (qepd), originalmente de Honduras y entrenado como arquitecto, había identificado originalmente este espacio como uno de dos para propósitos comunitarios: un parque para niños que ubicaría detrás de la estación del tren y otro para mascotas en este solar. Después de elaborar un boceto en el 2013con la asistencia de Lorna Mulero, perseguía que el municipio le proveyera algunos materiales y le autorizara a implementar una transformación apoyado por su comunidad. Esta gestión y la posterior propuesta para llevarse a cabo como parte de las alianzas comunitarias del municipio resultó infructuosa. No obstante, la comunidad se organizó como Acción Comunitaria de Santa Rita y elaboró un mural alusivo a temas de Rio Piedras. Además, Romero continuó elaborando el diseño digitalmente en el 2015 con la asistencia de Raúl Reyes y este, a su vez, de Ana Corujo, ambos estudiantes de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Puerto Rico.


La verja resultante del proyecto Arte en Concreto – Lo Concreto del Arte.


Conociendo esta historia como gerente de proyectos del Municipio de San Juan, la doctora arquitecta Omayra Rivera Crespo identificó algunos años después la oportunidad para llevar a cabo una primera intervención mediante la participación en la exposición denominada Arte en Concreto-Lo Concreto del Arte, auspiciada por el